¿Puede el Aprendizaje incrementar la Inteligencia?

Todos los ojos están puestos en ella.

Es su peor pesadilla, y todos la observan cuando está a punto de ser devorada por la vergüenza. Espera que nadie pueda notar sus piernas temblorosas, su cara enrojecida. Los largos momentos de silencio sólo son interrumpidos por susurros hirientes y risitas mal ocultas.

La profesora sigue esperando.

“¿Bien? ¿Sabes la respuesta?”

“No sabe” dicen los susurros. “Ella nunca sabe “. Las risitas se intensifican. Ella quiere desaparecer, incluso si eso significa caer muerta en ese instante.

Todos los ojos en ella. “¿De qué sirve? “- se cuestiona a sí misma en silencio, mientras la rabia va superando lentamente al miedo. Su maestra sabe que ella no es inteligente, nunca lo será. ¿Para qué sigue preguntándole?

La escuela y la vida no deberían ser tan difíciles para una niña de nueve años.

Brain growth

Niños brillantes y niños con dificultades. Siempre han coexistido en las escuelas alrededor del mundo. Unos acaban con rapidez con los contenidos, otros, con la paciencia del maestro. Y no hay mucho que podamos hacer al respecto, ¿cierto? Los niños inteligentes y no tan inteligentes nacen de esa manera, o eso nos han dicho. La inteligencia es un rasgo heredado. Algunos niños reciben buenos genes, otros no tienen tanta suerte. Y, por mucho que lo intentes, no puedes escapar de tu destino genético.

Bueno, piénsalo dos veces.

Muchos se han adherido a esta creencia largamente sostenida: la inteligencia está predeterminada. Si naciste brillante, te irá bien en la escuela. Cuanto mayor sea tu inteligencia, mayor será tu aprendizaje. Pero en realidad es al revés: Cuanto más aprendes, más inteligente te vuelves. El aprendizaje crea inteligencia.

Por supuesto que hay un componente genético para la inteligencia. Todos tenemos el potencial de homo sapiens sapiens, pero este es sólo el punto de partida. La medida en que podamos alcanzar nuestro mayor potencial depende de la experiencia. ¿Se puede aumentar la inteligencia? Si, Ahora creemos que sí.

Pero primero debemos estar de acuerdo en qué queremos decir con inteligencia. Esa podría ser una tarea demasiado grande para este artículo, así que simplemente tomemos la definición de Nickerson: “La capacidad de aprender, razonar bien, resolver problemas y tratar con eficacia los desafíos, a menudo impredecibles, a los que uno se enfrenta en la vida diaria” (2011, p.108)

Por lo tanto, no estamos hablando en particular sobre el aumento de los puntajes de CI (personalmente, como maestra, no podrían importarme menos) sino del incremento en la inteligencia funcional.

Durante demasiado tiempo se había aceptado que la inteligencia no era maleable. Sin embargo, las investigaciones ahora sugieren de manera abrumadora que el aprendizaje aumenta no sólo el rendimiento académico, sino también la inteligencia funcional.  Aunado a esto, se han obtenido imágenes cerebrales que muestran cambios y crecimiento constante y medible cuando se aprende algo nuevo, tanto en niños como en adultos. ¿Podría decirse que estos cambios físicos se correlacionan con un mejor desempeño? Aparentemente así es.

En un famoso estudio, investigadores pudieron encontrar cambios estructurales en el cerebro de adultos promedio que recibieron capacitación para obtener la licencia de conductor de taxi en Londres (una tarea nada fácil, considerando el trazado irregular de esta ciudad y  las más de 25,000 calles que los aspirantes deben dominar de memoria) En el grupo de quienes finalmente fueron exitosos tras el periodo de entrenamiento – que va de tres a cuatro años- y que pudieron aprobar los exámenes, se encontró un aumento de la materia gris en el hipocampo posterior. Esto no sucedió en los participantes que fracasaron, ni en los sujetos del grupo de control (Maguire y Woollett, 2011). Estudios similares han mostrado resultados que confirman cambios en el cerebro, por ejemplo, después de aprender a leer o a tocar un instrumento musical (Stewart et al, 2003).

El problema para muchos de nosotros es el obstinado argumento de que la inteligencia, o la falta de ella, es algo fijo. Según la investigadora Carol Dweck (2011), de la Universidad de Stanford, cuando sabemos que podemos llegar a ser más inteligentes si dedicamos a ello tiempo y esfuerzo, generalmente eso hacemos.

Ahora, ¿qué significa esto para aquella pequeña con dificultades, que ya se ha dado por vencida en la escuela, y que quizá se ha rendido ella misma, todo esto antes de cumplir siquiera diez años? ¿Qué significa para los maestros, que tanto se esfuerzan por alcanzar a todos sus alumnos? ¿Qué significa para los padres y, de hecho, para toda la comunidad?

Hay muchas razones para el bajo rendimiento académico. La pobreza, el estrés tóxico y un entorno poco estimulante son algunas de ellas. Las discapacidades de aprendizaje ciertamente obstaculizan el rendimiento, pero no implican falta de inteligencia o la imposibilidad de mejorar.

Muchos sistemas educativos son inadvertidamente propensos a señalar fallas y glorificar una sola “respuesta correcta”. Al hacerlo, no solo desalientan la indagación y la toma de riesgos, sino que también convencen lentamente a nuestros niños de una falacia peligrosa: que uno nace, o no, brillante, que ser inteligente es lo mismo que ser perfecto, y que los errores no son parte de un proceso de aprendizaje saludable, sino una vergonzosa confirmación de debilidad y falta de inteligencia, y que por tanto deben evitarse a toda costa.

Todos los niños tienen el derecho de conocer el verdadero alcance de su vasto potencial, y de entender que el esfuerzo continuo y paciente nunca es infructuoso. Y cada educador les debe la seguridad, la guía y la inspiración que motivará a los niños a esforzarse y crecer.

Sí, la inteligencia puede aumentarse, y la mejor manera de hacerlo es desafiarse a sí mismo en un ambiente cálido y enriquecedor, nutrido por experiencias enriquecidas y por el apoyo de padres, educadores y comunidades.

Y esa, es la deuda con nuestros hijos.

 

Por Elisa Guerra

Publicado originalmente en inglés para World Innovation Summit for Education (Cumbre Mundial de Innovación en Educación) Doha, Qatar: http://www.wise-qatar.org/can-learning-increase-intelligence

 

Referencias

  • Carr, P., & Dweck, C., (2011) Intelligence and Motivation. In Sternberg & Kaufman, (eds) The Cambridge Handbook of Intelligence.  Ney York; Cambridge University Press.
  • Nickerson, R. (2011). Developing Intelligence through Instruction. In Sternberg & Kaufman, (eds) The Cambridge Handbook of Intelligence.  Ney York; Cambridge University Press.
  • Maguire, E, & Woollett, K. (2011) Acquiring “the Knowledge” of London’s Layout Drives Structural Brain Changes. Current Biology; Volume 21, Issue 24, 20 December 2011, Pages 2109–2114.
  • Stewart, L, Henson, R, Kampe, K,  Walsh, V, Turner, R, & Frith, U. (2003) Brain changes after learning to read and play music. Neuroimage Volume 20, Issue 1, September 2003, Pages 71–83. Recovered October 28th, 2016 from http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S1053811903002489