Decálogo del Maestr@ Filadelfia


¿Existe el maestro perfecto? ¿Es posible describirlo?

Hace algunos años comenzamos a elaborar un perfil de cómo deseábamos ser como educadores, y cómo esperábamos que fueran aquellos que se integraran a nuestro equipo escolar. Si bien es difícil englobar en frases cortas y precisas un ideal de la profesión docente, creemos que este decálogo se acerca bastante. Lo hemos llamado el Decálogo del Maestr@ Filadelfia porque estas son las premisas que orientan la visión que queremos alcanzar en nuestros colegios Valle de Filadelfia, pero creemos que es igualmente válido a través de las instituciones e incluso los países, idiomas y metodologías.

  1. Tiene altas expectativas de sus alumnos, de su escuela y de sí mism@. No piensa en términos de limitaciones, sino de certeza de potencial.
  2. Está convencid@ de la gran capacidad de aprendizaje de los niños. Si alguno de sus alumnos no está obteniendo los resultados esperados, cuestionará su propia manera de enseñar, antes que la capacidad del niño de aprender. Incluyendo a los niños con necesidades educativas especiales.
  3. Es un maestro global: Busca adaptar su práctica educativa a sus alumnos,  porque reconoce en ellos a personas con diferentes intereses, habilidades y aptitudes. No exigirá que  los niños se adapten a él o ella, ciegamente y sin excepciones. Al mismo tiempo, propiciará entre sus alumnos la tolerancia y respeto a la diversidad. No juzgará -ni permitirá que nadie más juzgue- a una persona, sea niño o adulto, por sus diferencias culturales, raza, género o credo. Abrirá el mundo para sus alumnos, desde su salón de clases, para ayudarlos a convertirse en ciudadanos de un mundo global.
  4. Es moderad@ y constante en las tareas que encomienda. Sabe que las tareas son un medio de comunicación con los padres y una forma de establecer hábitos de estudio, y que no es necesario trabajar por horas cada día para lograr estos objetivos. Busca actividades que verdaderamente propicien el pensamiento crítico y no la repetición sin sentido.
  5. Valora y reconoce a sus alumnos por quienes son, no por lo que hacen o los resultados que logran. Presenta evaluaciones de acuerdo a los requerimientos de las autoridades pero sabe que sus alumnos son mucho más que un número, y por ello procura que sus alumnos  conozcan no sólo sus calificaciones, sino sus aciertos y desaciertos.
  6. Resalta lo positivo de sus alumnos, tanto en lo académico como en lo personal, y trabaja con ellos para mejorar, de manera constructiva, las áreas de oportunidad de cada uno. Propicia actividades de aprendizaje donde cada alumno tiene la oportunidad de descubrir, investigar y construir.
  7. Busca el desarrollo óptimo de sus alumnos. Sabe que, en conjunto con los padres, necesita crear un ambiente estimulante y abundante de oportunidades para lograr que los niños alcancen su potencial.  Palabras clave:  Potencial, ambiente, estimulación, oportunidad.
  8. Reconoce sus logros y sus limitaciones y está motivad@ para trabajar en ser mejor cada día, en lo profesional y personal. Está comprometid@ con su propia capacitación y enriquecimiento. Atiende a la orientación que recibe de autoridades y de sus colegas.
  9. Sabe apoyarse en el equipo de trabajo, pedir ayuda cuando es necesario y apoyar cuando otros lo requieren. Tiene un trato respetuoso con todos, padres, alumnos y maestros, y procura resolver los problemas con inteligencia y templanza.
  10. Disfruta lo que hace, es creativ@ y organizad@ y como consecuencia hace que sus alumnos disfruten de sus clases y que sus compañeros de trabajo se sientan bien a su lado. Su entusiasmo es contagioso.

¿Crees que nos haya faltado alguna característica que no pueda englobarse en las aquí incluidas? ¿Crees que algo sale sobrando o no es tan importante? ¿Cómo sería el maestro ideal? ¡Ayúdanos a describirlo, deja tus comentarios!

(R) 2007 Elisa Guerra Cruz

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10 pensamientos en “Decálogo del Maestr@ Filadelfia

  1. Pingback: Decálogo del Alumno Filadelfia « Educación y Neurodesarrollo

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  3. Soy una maestra con mucho espíritu de dejar huella positiva en la vida de mis alumnos pero me parece que en su decálogo donde dice que hay que “tener altas expectativas de sus alumnos” y luego “cuestionará su propia manera de enseñar, antes que la capacidad del niño de aprender. Incluyendo a los niños con necesidades educativas especiales” no me parece congruente ya que en 10 años he tenido éxito excepto este año que me tocó un niño cuyo problema no fue resuelto pues no era simple de detectar a simple vista, eran necesidades especiales y estaba “atrasando e inquietando” al grupo, siempre se le trató con amor y respeto pero las expectativas altas las tuve que bajar con él y aunque intenté muchas cosas (no me doy por vencida fácilmente) su entorno y su problema rebasaban lo que nosotras (las maestras) pudiéramos hacer, incluso cuando yo llegué, él cambió y dejó de ser agresivo por que yo hablaba mucho con él, pero no lograba ningún avance académico. Me parece que deben ser justos con su personal y poner algo que no haga que se sientan incompetentes ante un error de otros. ¿Quién cuestiona si los niños están en la escuela correcta, en el nivel correcto, en un entorno psicológico, físico y social sano? ¿Quién le ayuda a las maestras si los alumnos no desayunan en casa, si los padres los golpean o algún problema aún más grave? Entonces es nuestra propia manera de enseñar la que debemos cuestionar? No trabajo con ustedes, me agradan varias cosas de su filosofía pero no estoy de acuerdo con su última parte, me parece que para todo debe haber personas especializadas, no voy a poner a una maestra de español a dar inglés y viceversa. Creo en la educación, creo en equipos fuertes y optimistas de trabajo, creo en buenos líderes, amo trabajar con mis alumnos, amo mi trabajo y me he enfrentado a varios retos. Sé que nuestra labor es sumamente importante e impacta en la vida de las familias y niños y que en nuestras manos está el poder ayudar, crear, convencer, apoyar, animar, amar, convencer, educar, enseñar y gritar al mundo que queremos contribuir con nuestro granito de arena para hacerlo mejor. En pocas palabras “Saber que naciste para ser maestr@”.

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    • Hola Nat, muchas gracias por tu comentario! En ningún momento quisimos, con nuestro decálogo, poner más cargas en los hombros, ya de por sí sobrecargados, de nuestras maestras. Creo que el desacuerdo proviene de diferentes interpretaciones del decálogo. No queremos que nuestras maestras se sientan incompetentes, sino comprometidas, que es muy diferente. Así como tu te comprometiste a apoyar a tu pequeño alumno. Nadie dijo que ser maestra sea fácil y hoy en día es una labor cada vez más compleja, ya que de alguna manera la sociedad nos ha delegado, en buena parte, no sólo la educación sino la crianza de nuestros alumnos. Sabemos que no todo lo podremos resolver, que habrá cosas que escapen de nuestras manos. Igual que tu, nos hemos sentido frustradas -e indignadas- cuando nos damos cuenta de que un niño está siendo maltratado. En una situación así, la parte académica pasa a un segundo término y la prioridad es velar por la seguridad y bienestar del pequeño. Y quizá su maestra sea la única red de seguridad que él tenga. Pero por otro lado, no podemos darnos por vencidos con estos pequeños, o considerarlos “un error de otros”. Quizá no lograste resultados académicos con tu alumno, pero tú misma dices que él bajó su nivel de agresividad. En ese momento, el bienestar físico y emocional del niño superaba en importancia a cualquier otro objetivo pedagógico. ¿Quién puede aprender cualquier cosa cuando te duele el cuerpo y el alma por los golpes que te ha dado quien debería amarte y cuidarte? Tener expectativas altas, y cuestionar nuestra forma de enseñar y de abordar las situaciones problemáticas, no es querer resolver todo por nosotras mismas, ni asumir la responsabilidad absoluta por el pasado, el presente y el futuro del niño. Con mucha frecuencia, tener altas expectativas y cuestionarnos sobre nuestras acciones, implica analizar qué pasos necesitan tomarse para ayudar realmente a un niño. Quizá, apoyarnos en otras compañeras docentes,en la directora, o buscar la ayuda de especialistas o incluso de servicios asistenciales. También implica reconocer, por mucho que nos cueste, que quizá no estemos dando al niño lo que él necesita y, aún más difícil, que humanamente hablando, en algunos casos, quizá no podremos dárselo. Habra que buscar alternativas, si, pero las expectativas permanecen altas. No es darse por vencidos y bajar las expectativas porque creemos que él nunca podrá alcanzarlas, sino reconocer que no podrá alcanzarlas mientras permanezca en el ambiente y situación en que se encuentra en ese momento, pero que, recibiendo lo necesario, será posible salir adelante.
      No… no es fácil ser maestra. Y tengo la percepción de que el fondo, compartimos no sólo las mismas alegrías y frustraciones, sino también la convicción y pasión de tus últimas líneas.

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    • Estimada Rosmery, muchas gracias por tu comentario. ¿De qué país nos escribes? Si, desafortunadamente los costos de envío internacional encarecen los libros Pearson -Filadelfia… esperemos que en poco tiempo ya comiencen a ser importados por la misma editorial, en sus filiales en América Latina, para que puedan ustedes encontrarlos en las librerías locales…

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