Aprender a leer a los 3

crecerHace unas semanas se publicó mi libro “Aprender a leer a los 3: Método Doman aplicado en el Aula Preescolar”. En él se recogen las experiencias de más de diez años de trabajo con un programa de lectura precoz, aplicado con éxito con niños desde los dos años en el entorno escolar. Este libro presenta una adaptación práctica para las escuelas que parte de la propuesta Doman para la lectura temprana en el hogar.  A sólo un mes desde su publicación, el libro ha tenido una gran acogida entre educadores y padres del mundo hispanohablante, lo cual me hace sentir emocionada y agradecida.

Quisiera compartirles, en este espacio, dos cosas: por un lado, la introducción del libro, para quienes deseen conocer un poco más de qué se trata la propuesta, esperando abrir su apetito para leer el libro entero. Y por otro lado, un video grabado hace unos días en nuestra escuela, en donde podremos observar que pequeños de cuatro años juegan una lotería de palabras, leyendo con alegría, facilidad y disfrute.

Me gustaría mucho recibir sus comentarios: sobre el libro, sobre sus experiencias en cuanto a la lectura temprana, sobre la educación de los más pequeños, y también sus sugerencias y dudas. Gracias a todos los educadores -padres o maestros- que reconocen el gran potencial de los niños y que cada día dedican su tiempo y entusiasmo ayudándolos a desarrollarlo.

Aprender a Leer a los 3: Método Doman aplicado en el Aula Preescolar

Introducción

Llevo muchos años escribiendo este libro. Empecé a dibujarlo en la mente, en bosquejos inquietos y suaves, poco después de que el mayor de mis hijos ingresara por primera vez al preescolar. Él tenía cuatro años, cuatro años que a las escuelas de su ciudad natal les parecían muy pocos para enseñarle todo lo que él quería aprender. Cuantro años que a mí me parecían demasiados para los escuetos programas de aprendizaje que en aquel entonces teníamos disponibles en las instituciones locales. Por supuesto que yo quería que él jugara, que hiciera amigos, que la pasara bien. Pero también quería que aprendiera muchas cosas, sin más límites que su propia curiosidad y potencial. Los cuales eran enormes. Como son los de todos los niños.

Llevaba ya algún tiempo enseñándoles a leer y muchas otras cosas, a él y a su hermanita, entonces de dieciocho meses. Me había convertido en su primera maestra, y los tres lo disfrutábamos mucho. Pasaron un par de años. Seguíamos sin encontrar una escuela que pudiera combinar el juego y la algarabía con un programa de aprendizaje creativo, estimulante y ambicioso. Decidí entonces que debía fundar la escuela que quería para mis hijos.

Seguí escribiendo este libro a pausas, año con año, cuando iniciamos la tarea de diseñar los programas de la escuela y comenzamos a aplicarlos con nuestros primeros grupos de niños. Había probado la metodología Doman en casa, con mis propios pequeños, pero llevarla a cabo en la escuela era otra historia. Enfrentamos muchos retos, tuvimos muchas pequeñas victorias cotidianas. Mis hijos crecieron, llegó un tercer bebé. La escuela también creció. Aprendimos muchas cosas en el camino. Mientras mejoraba el diseño de los programas y comenzaba a desarrollar materiales de enseñanza y cursos de capacitación para nuestras maestras, continuaba escribiendo este libro en el fondo de la mente, rumiando los cómos, los porqués, los para qués.

Comencé a presentar talleres y conferencias, nuestra escuela se multiplicó en otros campus en otras ciudades e incluso en otro país. En cada conferencia compartía un pedacito de este libro que se estaba gestando. Pero aún sus palabras no poblaban el papel, real o digital. Hasta ahora. De alguna manera, este libro se sigue escribiendo, aún después de su publicación. Se reescribe en las experiencias de todos aquellos que colaboraron para darle el soplo de vida, y en las de las entusiastas educadoras –y algunos maestros- que han compartido sus comentarios en nuestros foros sociales.

Aprender a leer a los 3 es un libro dedicado a las y los docentes de preescolar y de primaria baja, así como a los educadores de la infancia temprana en general. Presenta una propuesta para la lectura precoz en preescolar, inspirada en la metodología de Doman para el aprendizaje de la lectura en el hogar. La adaptación del programa viene de la experiencia de trabajo con niños pequeños en nuestras escuelas. El libro se divide en siete capítulos; el primero explica por qué es importante y deseable enseñar a leer a los niños desde temprana edad. Explora datos referentes a la compresión lectora y a los hábitos de lectura, qué es lo que hace a un buen lector y por qué el disfrute de la lectura es esencial. Presenta una breve historia de Los Institutos para el Logro del Potencial Humano y su trabajo con niños con necesidades educativas especiales -o sin ellas- alrededor del mundo, y aborda cómo es que llegué a involucrarme en este trabajo, primero, como madre, y más tarde, como directora de Los Institutos para Latinoamérica y como fundadora de las escuelas inspiradas en Doman.

El capítulo dos está dedicado a analizar qué es la lectura y qué es lo que sucede en el cerebro cuando leemos. Compara los principales métodos para enseñar a leer, y presenta una breve historia de la enseñanza de lectura en la civilización occidental. En este capítulo se describen las diferencias entre los dos principales ambientes de aprendizaje: el hogar y la escuela. Explica cómo los padres son los mejores maestros, y cómo los educaores pueden lograr mayores resultados con sólo escuchar a las madres. Por último, se analiza la investigación documentada sobre la metodología Doman y cómo podría ésta adaptarse a entornos escolares.

El tercer capítulo presenta la propuesta de lectura temprana en preescolar. En él se describen las técnicas, los materiales y las oportunidades para resolver problemas como forma de evaluación y como experiencias de aprendizaje en sí mismas. Esta propuesta se ha diseñado, implementado y perfeccionado tras 18 años de experiencia, en el hogar y en nuestras aulas con niños pequeños.

En el capítulo cuatro se propone un programa de lectura para tres grados de preescolar (3, 4 y 5 años). Se presenta un programa semanal que incluye dos categorías de palabras individuales, una categoría de pares y oraciones, y un texto corto o poema que usa las “palabras objetivo” de la semana. Hay material para 40 semanas de un año escolar, para cada grado, por lo que se incluyen un total de 120 planes semanales.

Cómo enseñar a los niños a escribir se explica en el capítulo quinto. Se discuten los diferentes aspectos de la escritura (por ejemplo, caligrafía vs escritura creativa) y se presenta un programa de escritura para cada uno de los tres años de preescolar.

El capítulo 6 propone algunas ideas para usar la tecnología en el aprendizaje de la lectura y la escritura. Para la lectura, se analiza el uso de computadoras y otros dispositivos, haciendo hincapié en la importancia del contacto humano cálido y poniendo en primer lugar los intereses y necesidades de los niños. Se propone también el uso de la computadora como un complemento a la ruta de escritura, a partir de los 4 años, y con el programa de lectura como fuente de inspiración para escribir palabras, oraciones, y con el tiempo, cuentos cortos y poemas.

El último capítulo del libro reconoce los desafíos que la propuesta podría enfrentar en el ámbito escolar: las diferencias entre el hogar y en la escuela y cómo pueden afectar los resultados del programa, la resistencia al cambio, la falta de materiales didácticos producidos comercialmente, la integración del programa con el resto de las actividades diarias y el uso de la propuesta en la educación especial. En general, el libro trata de presentar un enfoque optimista y honesto sobre esta metodología para la enseñanza de la lectura y la escritura. Se reconoce la superioridad del hogar como el entorno de aprendizaje más importante: de hecho, nuestros niños podrían comenzar a aprender a leer antes de los tres años, en casa, en el regazo de su madre.

Por cierto, los tres años no tienen nada de especial. Es simplemente el momento en el que una gran cantidad de niños ingresa a la educación preescolar en muchos lugares del mundo, y por ello es el tiempo en el que podemos comenzar un programa de lectura en la escuela. No queremos decir que los niños aprenderán a leer cualquier cosa, de manera fluida, a esta edad. Pero seguramente reconocerán una buena cantidad de palabras, y esta cantidad seguirá acumulándose con las semanas y meses. Lo más importante es que buscamos desarrollar en ellos la comprensión y fluidez que hará de la lectura una experiencia gratificante.

Las dos diferencias más importantes de nuestra propuesta en comparación con la enseñanza tradicional de la lectura es el cómo y el cuándo. Empezamos antes, mucho antes. Y lo hacemos de una manera divertida, significativa y fácil para el niño.

® 2012 Elisa Guerra Cruz

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¿Pueden los bebés aprender a leer?

Una pequeña de tres años reconoce palabras de lecturaPocas cosas pueden ser tan placenteras como una buena lectura, pocos regalos tan maravillosos como el aprender a leer. La persona que lee nunca estará sola: podrá ser amigo de todos los hombres y mujeres que vertieron sus ideas, sueños, experiencias y conocimientos en las letras, en cualquier tiempo, en cualquier lugar. El niño que lee se convierte en ciudadano del universo: por primera vez comparte el código secreto de los adultos, encuentra la ventana para salir volando hasta donde su curiosidad lo lleve.

Los adultos hacemos esperar a nuestros niños seis largos años antes de permitirles acceder por sí mismos al oasis oculto de la lectura. Lo hacemos no con el afán egoísta de quien no desea compartir la riqueza encontrada, sino porque pensamos que antes de esta edad no son lo suficientemente maduros o capaces para leer.  Será porque estamos conscientes de que leer es una habilidad cognitiva compleja, incluso misteriosa. Y no sabemos si exponerles a ella de manera temprana podría resultar infructuoso, o peor aún, dañino.

Estamos dispuestos a leer con los bebés, y podemos pasar largo rato contando historias y leyendo rimas a los niños pequeños. ¡Maravilloso! Es una de las mejores maneras de usar el tiempo que dedicamos a nuestros hijos. Pero, ¿enseñarles a leer?  Mmm, de eso no estamos tan seguros. Creemos que es tarea de la escuela, “ya le enseñará su maestra”, cuando tenga seis o siete años, con suerte desde los cinco, pero nunca antes. Creemos que, como padres, no estamos capacitados para hacerlo, no sabríamos por donde empezar. Pero los niños pequeños pueden aprender a leer, y de hecho quieren hacerlo.

Si un niño, a los dos años de edad, ha aprendido a entender y hablar su idioma materno –una hazaña enorme considerando las complejidades del lenguaje, las variaciones en los tonos de voz, la repetición accidental y desorganizada (pero presente) de los estímulos auditivos, ¿por qué no habría de ser capaz de aprender a leer?

Muchos podrían argumentar que si un niño pudiera o debiera realmente de aprender a leer a los tres años de edad, a los dos o incluso antes, entonces lo haría naturalmente, como sucede con el lenguaje oral. Y nos imaginamos que por alguna razón existe una superioridad del sentido del oído con respecto al sentido de la vista, de manera que los niños sí son capaces de comprender el lenguaje oral desde muy pequeños, pero deben esperar hasta ingresar a la escuela para comprender el lenguaje escrito. Sin embargo, la razón por la cual la mayoría de los niños no aprenden a leer “espontáneamente” es por la falta de estímulos adecuados para hacerlo.

Desde que el bebé nace, e incluso antes, los padres le hablan constantemente. El recién nacido ya es capaz de reconocer la voz de su madre y también ciertas peculiaridades de su propio idioma. En palabras de Glenn Doman, confirmadas cada vez por más expertos en neurodesarrollo, los bebés son genios lingüísticos.

El lenguaje humano es un verdadero milagro. Nuestros niños pequeños pueden entender y hablar su lengua materna gracias a su increíble capacidad cerebral y a que reciben los estímulos auditivos con duración, intensidad y frecuencia adecuadas para desarrollar su habilidad. Estos estímulos se les presentan de manera significativa, contextual, no fragmentada. El niño interactúa con su ambiente a través del lenguaje oral.  Los adultos a su alrededor le hablan en palabras y frases completas que expresan ideas precisas ligadas a su experiencia. Un niño de dos años que ha recibido un programa de estímulos visuales para la lectura, con las mismas características (no fragmentados, significativos, provistos de emoción y vinculados a las vivencias del niño) podrá aprender a leer.

Por supuesto, de la misma manera que no esperamos que un niño de 24 meses pueda ofrecer un discurso con perfecta claridad expresiva, o que pueda comprender una charla sobre temas complejos con uso de vocabulario sofisticado,  tampoco pretendemos que antes de los tres años sea capaz de leer El Quijote. Pero así como sí es posible que el niño comprenda y se exprese en un vocabulario consistente con sus propias experiencias, también es factible que pueda reconocer numerosas palabras escritas. El vocabulario oral se irá ampliando conforme los estímulos ambientales lo permitan. Lo mismo sucederá con el vocabulario lector.

Como ejemplo, aquí tenemos un video de Natalia, de dos años, reconociendo algunas palabras de lectura.

Otro  video más, un fragmento de una clase abierta de primer grado de preescolar (niños de 3 años) leyendo palabras.

La mejor manera de proporcionar estos estímulos a los bebés, de forma organizada y eficiente, es con un programa de lectura temprana que comience en el hogar,  a cargo de padres amorosos y conscientes del potencial de su pequeño. Pero también es posible aprender a leer a los 3 años, o incluso antes, en la escuela preescolar o maternal, con algunas variantes en el programa.

Doman, Cohen, Goodman, Bruner, son sólo algunos de los expertos que han afirmado y presentado evidencia de que los niños pueden aprender a leer desde muy temprana edad, mucho antes de los seis años.

Ahora, la pregunta a considerar sería: ¿Por qué o para qué habríamos de enseñar a leer a un bebé? Tú, ¿qué piensas?

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Sobre la Dislexia

Sobre la Dislexia

El staff del Instituto para el Logro de la excelencia intelectual, en Los Institutos para el Logro del Potencial Humano, responde preguntas sobre el posible origen de la dislexia.

¿Qué es la Dislexia? La palabra dislexia se compone de dos palabras griegas, “dis”, y “lexia”, las cuales indican “incapacidad de hacer algo” y “leer”. Por ello, el término dislexia generalmente implica “inhabilidad para leer”. En el campo de la educación, los individuos que tienen problemas para leer son comúnmente llamados disléxicos.

Cuando son examinados con detenimiento, con frecuencia se encuentra que los individuos disléxicos tienden a revertir las letras y las palabras. Por ejemplo, se observa que confunden las letras “p” y “q” y la “b” con la “d”, y en algunos casos el número “6” con el número “9”. En otros casos, se pueden revertir las palabras, como “la” en lugar de “al”, o “los” en lugar de “sol”. Todo esto es indicativo de que los individuos disléxicos tienen problemas de un dominio cerebral mezclado, o de la falta del establecimiento de dominio entre los dos hemisferios.

¿Qué es la “dominancia” hemisférica? El cerebro humano está organizado en dos mitades o hemisferios. El hemisferio derecho controla la parte izquierda del cuerpo, y el hemisferio izquierdo controla la parte derecha. Esto significa que en una persona diestra, el hemisferio izquierdo es el dominante, y por ello el ojo, oído, mano y pierna derechas de esa persona realizan sus funciones con mayor habilidad y eficacia que el ojo, oído, mano y pierna izquierdas. La situación opuesta ocurre con las personas zurdas.

¿Cómo se establece la dominancia y por qué es importante? Establecer la dominancia cerebral es esencial para funcionar efectivamente en la vida diaria. Este es un proceso que comienza desde la concepción del feto y se considera completo alrededor de los seis años de edad. Entre el 80% y el 88% de las personas tienen dominancia del hemisferio izquierdo, esto es, que pueden usar el lado derecho de su cuerpo más eficazmente que el izquierdo. El resto de las personas tiene dominancia del hemisferio derecho. Sin embargo, se estima que solo el 60% de los individuos tienen completamente establecida la dominancia hemisférica, lo cual significa que el 40% restante aún no la ha definido o la tiene mezclada. Algunos neurocientíficos creen que los humanos se han desarrollado para tener dominancia hemisférica izquierda, ya que el centro cerebral del lenguaje (conocido como el área de Brocca) se encuentra en el hemisferio izquierdo. Es conocido que en el caso de los gemelos idénticos, uno tiene dominancia en el hemisferio izquierdo y el otro en el derecho. Sin embargo, la incidencia de gemelos idénticos es de mucho menor que el 1% de la población, o uno entre cada 100,000 nacimientos.

Entonces, ¿de dónde vienen los individuos con dominancia hemisférica derecha? Existe la creencia de que la dominancia hemisférica se determina al momento de la concepción, en los genes contenidos en el óvulo y el espermatozoide. Si los padres, abuelos y tíos de un individuo tienen dominancia hemisférica izquierda, éste deberá heredar los genes para determinar la dominancia izquierda. En algunas ocasiones, si hay alguien en la familia con dominancia hemisférica derecha, el bebé podrá heredar esa predeterminación.

¿Que pasa cuando la dominancia hemisférica no está bien establecida? Es común que una lesión cerebral, aún si ésta es muy leve, juegue un papel importante en la falta de establecimiento de la dominancia hemisférica. Es frecuente observar entre la población de niños con lesión cerebral, que la dominancia hemisférica no ha sido completamente establecida cuando han cumplido los seis años de edad, o que manifiestan dominancia mezclada. La dominancia mezclada se da cuando una persona ha establecido cuál es su ojo, oído, mano y pierna dominantes, pero éstos no son todos del lado derecho o todos del lado izquierdo. Por ejemplo, un niño puede mostrar preferencia para escribir con la mano derecha, pero su ojo dominante es el izquierdo, o viceversa. Esto afecta no solo las habilidades de lectura, sino que en muchas ocasiones afecta también la habilidad para comunicarse con otros, lo cual constituye la facultad humana más esencial.

Cuando un niño que supuestamente debería haber establecido la dominancia hemisférica izquierda hacia los seis años tiene lesión cerebral en el hemisferio izquierdo, o cuando su lesión es más severa en el hemisferio izquierdo que en el derecho, él se verá obligado a usar el hemisferio derecho en la vida diaria (en este caso, ese hemisferio estaba determinado a ser el sub-dominante) Con frecuencia, esto puede crearle muchos problemas.

Aquellos individuos que tienen dominancia mezclada o que aún no han establecido la dominancia hemisférica a causa de una lesión cerebral, pueden tener problemas para leer.

¿Qué sucede entonces con los ambidiestros? Se ha llamado ambidiestros a las personas que han desarrollado habilidad para escribir o trabajar eficientemente con ambas manos. Con frecuencia estas personas sufireron algún tipo de incapacidad temporal, por ejemplo, una fractura que requirió inmovilización prolongada en su mano dominante, y por necesidad desarrollaron hablidad en la mano sana. Aún en estos casos, los individuos con una organización neurológica adecuada tienden a usar más una mano que la otra, esto es, una mano es más hábil que la otra y por ello es la dominante. El problema real es cuando no hay una preferencia determinada por una mano u otra para escribir, trazar o dibujar, o se prefiere una mano para algunas actividades y la otra mano para otras. Esto es muy común con las personas que inicialmente debieron ser zurdas pero que fueron educadas para usar su lado derecho de manera dominante, en la creencia de que la vida sería más fácil para ellos. La educación forzada en este sentido, lejos de ser benéfica, es perjudicial para el desarrollo del niño, por que puede producir lateralidad mezclada, lo cual puede derivar, en mayor o menor medida, en problemas de lenguaje o de lectura.

¿Como podemos apoyar a nuestros niños en la adecuada determinación de su lateralidad? Es muy importante que, mientras los niños son pequeños, les demos la oportunidad de definir por ellos mismos cuál será su hemisferio dominante. Cuando vayan a trabajar juntos, deja las herramientas de dibujo o escritura sobre la mesa, para que él las tome por sí mismo. No se las dés directamente en la mano derecha. Realiza con tus hijos actividades que fomentan el uso de una mano en el papel dominante y la otra mano en el papel de apoyo, como lavar platos, untar mermelada en un pan, servir agua en vasos, ensartar cuentas en un collar, etc. Recuerda, es mucho mejor ser un buen zurdo que un mal diestro. Dicho de otra forma, un zurdo frustrado jamás será “diestro”, en todo el sentido de la palabra.

¿Todos los problemas de lectura se deben a la dislexia? Eso depende de la definición de dislexia. Para muchos individuos que tienen dificultad para leer, es más común que sus problemas se deban a una agudeza visual deficiente o a una convergencia pobre. Los problemas de lateralidad, -la falta de establecimiento de la dominancia hemisférica- son menos comunes. En los Estados Unidos, se cree que más del 50% de los individuos tiene habilidades lectoras por debajo del nivel de quinto grado de educación elemental. Pueden leer palabras, frases y libros sencillos, pero no llegan mucho más allá. La mayoría de los lectores pobres hacen un gran esfuerzo para leer, debido a su agudeza visual débil y a su convergencia. También hay personas que tienen ambos problemas, pobre agudeza visual por convergencia deficiente, y lateralidad indeterminada.

¿Cuáles son los tratamientos típicos para la dislexia? El tratamiento más común para los individuos disléxicos es el uso de lentes. Algunos oftalmólogos creen que en la mayoría de los casos, el único tratamiento que tienen a la mano es la prescripción de lentes. Los lentes solamente magnifican el tamaño de las letras. Si los problemas del individuo disléxico vienen de una pobre agudeza visual, los lentes pueden serle de ayuda. Sin embargo, si el problema es el resultado de una convergencia inadecuada, los lentes no resolverán la causa de la habilidad lectora deficiente del individuo. Para las peronas que sufren problemas de lateralidad, los oftalmólogos prescriben la oclusión de un ojo con un parche. Sin embargo, en la mayoría de los casos esto no resuelve el problema. Los problemas de lateralidad son de origen neurológico, y los ojos son sólo el punto de partida del canal visual. El problema de lateralidad afecta no solo al canal visual, sino también a los canales auditivo y tactil en la parte sensorial, y todos los canales motores: movilidad, lenguaje y competencia manual. El uso de parches sólo ayuda si los problemas se derivan exlcusivamente del canal visual.

Cuando el ojo de un niño es parchado, toda estimulación hacia ese ojo es eliminada. Esto pudiera crear, en casos extremos, una ceguera cortical. Otro problema que el parche puede ocasionar es que si hay diferencia entre la agudeza de los dos ojos, por ejemplo, si el ojo derecho tiene visión 20/50 y el ojo izquierdo 20/200, los médicos tenderán a la oclusión del ojo derecho para mejorar la agudeza del ojo izquierdo. Mientras el ojo derecho esté parchado, todo input sensorial será eliminado y por ello el ojo derecho podría no ser capaz de conservar el nivel de agudeza que ya tenía.

¿Qué hacen en Los Institutos para tratar la dislexia? El staff de los Institutos cree que es más común ver pacientes que tienen dificultades en la lectura por problemas de convergencia. La convergencia pobre frecuentemente conduce a problemas de lateralidad mezclada y en algunos casos al estrabismo. Por ello, la primera línea de tratamiento para el individuo disléxico es un programa para organizar el cerebro medio (areas subcorticales). Esto puede hacerse incrementando la oxigenación al cerebro, mejorando la nutrición, y realizando un programa de gateo y arrastre. Es importante remarcar que el programa de nutrición es esencial en el tratamiento de las personas con dislexia, ya que las alergias, contaminación con metales pesados, hongos y levaduras, así como otros organismos (amibas, parásitos y otros) pueden afectar las funciones neurológicas.

El staff sugiere también que los padres observen cuidadosmanete qué lado del cuerpo utiliza el niño mientras hace sus actividades regulares: qué ojo, qué oído, que mano y qué pierna utiliza para acciones sensoriales o para funciones manuales. También es de utilidad observar si el niño tiende a tartamudear, si con frecuenca dice lo contrario de lo que quería decir, si a veces se repite a sí mismo o hace eco del habla de otros. Estos son síntomas de una lateralidad mezclada en niños con una edad cronológica mayor de seis años. (Si el niño tiene menos de seis años, los problemas de la dominancia mezclada no son realmente significativos, ya que la dominancia está aún en el proceso de establecerse y el cerebro del niño puede estar aún experimentando el uso de ambos lados).

Cuando la mejora en la oxigenación y un excelente programa nutricional y físico no resuelven los problemas de una habilidad lectora deficiente, entonces el staff de Los Institutos pueden recomendar un programa para ayudar a establecer la dominancia en esos individuos. El objetivo básico del Programa de Lateralidad es establecer la dominancia hemisférica, lo cual implica la necesidad de decidir en cada caso si se establecerá la dominancia izquierda o derecha, (afortunadamente sólo hay dos opciones). Esto se hace estimulando el canal sensorial opuesto a la dominancia que espera crearse. Por ejemplo, si el objetivo es crear la dominancia del hemisferio izquierdo, entonces deberá estimularse el lado derecho del cuerpo. Esta estimulación deberá realizarse a través del canal visual (ojo derecho) auditivo (oído derecho) táctil (mano derecha) de movilidad (pierna derecha) y manual (mano derecha). Típicamente, esta estimulación lleva de una a dos horas diarias, dependiendo de la severidad de cada caso.

El staff de Los Institutos también utiliza los parches, sin embargo, este es un programa que debe realizarse con cuidado. Si se elige el lado incorrecto, o si la persona está muy mezclada en su lateralidad, el paciente puede confundirse, su lenguaje puede disminuir repentinamente, así como la habilidad en sus funciones. Los padres deberán ser muy observadores para alertar sobre cualquier regresión al usar el parche, para que se pueda hacer un ajuste al programa de tratamiento.

¿Es cierto que el programa de los Institutos afecta negativamente a las habilidades lectoras? Es posible que cualquier intervención a la function neurológica de los niños tenga algún tipo de efecto negativo, por lo menos temporalmente. Esto ha sucedido en la etapa inicial de la implementación del programa de lateralidad. También puede suceder cuando la convergencia del niño ha mejorado significativamente y él ha comenzado a utilizar su ojo dominante, que anteriormente estaba severamente limitado debido a su lesión cerebral. Por ejemplo, si un niño nace con el potencial para el dominio del hemisferio izquierdo, pero a causa de una lesión cerebral masiva en ese hemisferio, el se ve forzado a utilizar el hemisferio derecho como dominante. Cuando el ha estado bajo un programa de organización neurológica y su hemisferio izquierdo ha logrado una marcada mejoría, puede comenzar a tomar su papel como hemisferio dominante, y esto posiblemente creará confusión por un periodo corto de tiempo. Sin embargo, el niño debería recuperar e incluso avanzar en sus hablilidades de lectura, conforme obtiene cada vez mejor organización neurológica a través del programa.

Por esta razón, se ha llegado a especular si el Programa de Tratamiento de Los Institutos produce dislexia. Como conclusión podríamos mencionar lo siguiente:

1. Es el programa de establecimiento de la lateralidad, y no el programa de lectura, el que ha ocasionado en algunos casos confusión en los pacientes y ha afectado temporalmente sus habilidades de lectura.

2. Esta afectación se ha dado exclusivamente en pacientes con lesión cerebral bajo un programa de tratamiento intensivo para la organización neurológica que incluya el programa para el establecimiento de la lateralidad.

3. La afectación a las habilidades de lectura es temporal, ya que éstas se recuperan e incluso mejoran una vez que la organización neurológica del paciente mejora también, específicamente cuando el hemisferio dominante dañado está más organizado y comienza a reclamar su papel como dominante.

4. No hay evidencia de que los programas para la mejora de la inteligencia, como son el programa de lectura temprana, conocimientos enciclopédicos o matemáticas, hayan ocasionado dislexia, o problemas de lectura, en niños sanos o con lesión cerebral.

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