Un ama de casa jugando a la escuelita


Hace unos días me di cuenta de que por estas fechas, pero hace 30 años 😱 dejé los estudios, con apenas un semestre cursado de la Licenciatura en Letras Hispánicas. Las cosas estaban difíciles en casa: principalmente, problemas económicos. Aunque estaba matriculada en una universidad pública, me resultaba difícil concentrarme en los estudios cuando mi familia (sentía yo) se estaba desmoronando.Así es que me fui a vivir sola a CDMX y empecé a trabajar (algún día les contaré esa historia). Mi plan era volver a estudiar cuando las cosas “se estabilizaran”.

A veces me pregunto si, de haber sabido que jamás lograría regresar a la universidad – por lo menos nunca de manera presencial- habría tomado las mismas decisiones. Quién sabe.Varios años después, ya con dos hijos pequeños, fundé mi primera escuela: un kinder que monté en una casita rentada. No tenía, todavía, un título universitario. Había leído muchos libros sobre desarrollo infantil temprano, y había enseñado muchas cosas a mis hijos en la sala de mi casa. Pero no era maestra.

Todavía hoy me pregunto cómo esas primeras familias confiaron en mi propuesta y se aventaron a conmigo a la aventura. Les estaré eternamente agradecida. No sé si yo habría hecho lo mismo. No tenía experiencia. No estaba calificada. De hecho, por poquito cierro la escuela en la primera semana – cuando me dí cuenta de que había subestimado el tamaño del compromiso.

En fin. Por aquellos días de luchas y sacrificios, una psicóloga que había trabajado conmigo, y que después puso también su propia escuela, se expresó de mí en estos términos: “Es un ama de casa jugando a la escuelita”. El comentario tenía como objetivo convencer a los papás de mi kinder a inscribirse en el de ella.

El problema es que me creí el comentario. Por supuesto, no estaba -por lo menos en ese momento- muy lejos de la verdad. Yo me había enamorado ya de la profesión docente, pero no tenía un título que me respaldara.

Con el tiempo logré titularme – estudiando en casa- y hoy estoy haciendo una segunda maestría. Pero esas palabras me persiguieron durante muchos años. Me sentía un fraude. Tuve que luchar contra la inseguridad con todas mis fuerzas. En el camino, me hice dependiente de la aprobación de los demás, y especialmente, de las personas mas cercanas a mí. Se agudizó otro de mis problemas: el perfeccionismo.

“Es un ama de casa jugando a la escuelita” no ha sido la única frase descalificadora que he recibido en mi vida personal o profesional, pero fue quizá la que empezó una espiral que me costó mucho reconocer. No culpo a quien la dijo: fui yo quien lo permitió. Por cierto, me siento orgullosa de haber sido mamá de tiempo completo. Celebro el derecho de cada mujer a elegir su camino de vida. La connotación negativa no la dí yo, pero la acepté cuando alguien más la impuso. Ahí, me equivoqué.

Y ahora estoy dejando ir las otras frases que acumulé en el camino (algunas mucho más dolorosas) y que cargué como lastres. Las estoy sustituyendo por mis propias frases: Yo puedo. Nadie puede determinar mi valor como persona. Puedo seguir aprendiendo toda la vida. No sé por qué les cuento todo esto. Quizá porque imagino que hay muchas otras mujeres que habrán pasado o están pasando por estas experiencias. Quizá porque me habría gustado poderle decir tantas cosas a la jovencita ingenua que hace treinta años dejó los estudios. Por lo menos esta: Ánimo. Vas a estar bien.

2 comentarios

  1. Es interesante darse cuenta que muchas mujeres sufrimos que las personas no aprecien lo que hacemos por salir adelante. Ser madre es un trabajo arduo y de tiempo completo, como tú yo también me aventé a dar clases, no fue nada fácil ya que tampoco era docente en ese entonces era secretaria, pero lo tuve que hacer. Ya terminé mis estudios de Pedagogía, tengo mi título y estoy cursando la maestría en Educación Creativa. Soy adulta mayor y me siento orgullosa de no estar perdiendo el tiempo dormida en un sillón. Te felicito por lo que hiciste y por lo que lograrás.

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  2. Me leo en tus palabras querida Elisa. Cuanto nos cuesta confiar en nosotras mismas aunque la evidencia nos demuestre lo contrario. Creo que con esfuerzo diario y con el apoyo de otras mujeres, es posible!!
    Eres una mujer admirable y agradezco muchísimo haberte conocido.

    Un abrazo grande desde Valdivia, en Chile!

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